La salvación de Estudiantes, 60 años de historia en la máxima categoría, pasaba por dos partidos. El primero, en casa, no se podía fallar. Todo el partido por debajo. Se remontó, con más corazón que cabeza, con más empuje que baloncesto, hasta forzar un final de drama. Por la forma y por el rival, el Vivemenorca, también en lucha por la salvación. Estaba fresco en la memoria el encuentro cedido hace dos semanas en casa ante Fuenlabrada, pérdido por errores en una recta final igualada. Esta vez no se falló. Los balones no se escaparon de las manos y los tiros libres entraron. Menorca jugó un último ataque para ganar pero el tiro de Ivanovic no entró. 80-78. Si, como dice la lógica, el Granada cae en Badalona, Estudiantes dependerá de sí mismo en la última jornada para sumar el año 61.
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